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Arthur Rowshan. Diciembre 2006
La Navidad tiene algo mágico. A parte del desenfrenado consumismo, el espíritu de la Navidad es algo tangible.
Todos percibimos algo espiritual en medio de todo el estrés de comprar, comer, beber y regalar.
El otro día el espíritu de la Navidad me tocó el corazón de lleno.
Las cosas importantes de la vida En uno de mis viajes habituales a Barcelona me monté en un taxi para llegar al Hotel Catalonia, donde suelo realizar las sesiones grupales para dejar de fumar y para adelgazar. Como de costumbre, empecé charlando con el taxista. Desde el tiempo y el tráfico llegamos a cosas más importantes de la vida. Hablamos de la dificultad de mucha gente tiene para llegar al fin del mes. Charlamos del estrés y la falta de tiempo. El taxista me habló de cómo su hija, para poder ir trabajar, había necesitado la ayuda de una señora joven para el cuidado de sus hijos.
La canguro era una extranjera divorciada, con un hijo a su cargo. La criada cobraba unos 600 € al mes. Con este sueldo debía pagar los gastos del alquiler y viajes de autobús, entre otros gastos habituales. Además, enviaba algo de dinero a su país para su hijo.
El taxista me contaba que él y su hija se dieron cuenta de que a la “pobre chiquilla” le quedaba muy poco de dinero a final del mes. Tampoco podían pagarle más porque no le compensaría a su hija ir a trabajar para pagar a la canguro.
Un ofrecimiento altruista Así que este buen hombre con corazón de oro ofreció de manera gratuita la habitación libre que tenía. Me explicó: “Mi mujer y yo vivimos cerca de la casa de nuestra hija. Vimos que si le ofrecíamos la habituación gratis la chiquilla podía ahorrar algo de dinero.” Además, la criada come en su casa y ya no tiene que gastar dinero en ir y venir en autobús, porque las casas están en la misma calle.
Él hablaba con tanta humildad como si ayudar al prójimo fuera la cosa más natural del mundo. El taxista me alegró el corazón porque vi que hay mucha gente buena en este mundo. Le dije que era un hombre generoso.
Como dijo Goethe, "La bondad es la cadena
de oro que enlaza a la sociedad". |
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